Hoy en día mucha gente cree en la madre naturaleza, no es vista como una deidad pero como un cierto orden o ejemplo de perfección, salud, balance, vida, armonía, como algún tipo de espiritualidad por los seres vivos y la belleza de los paisajes y complejidad del universo, una virtud de la cual gozaban los pueblos de la antigüedad y los animales y muchas referencias más a aquello que no ha sido creado por el ser humano. Pero esta interpretación filosófica es más poética que acertada, tanto como si dijera que la muerte misma es la que da vida y los dioses son los que las quitan.
El balance que existe en la naturaleza es comparable con aquel que hay en las gotas de una cascada, una fuerza enorme mueve caóticamente un objeto que cambia de forma y se agrupa y se destruye entre sí hasta caer al piso. La idea de que existe un balance en los ecosistemas viene de las viejas creencias naturistas, incluso antes de charles Darwin. En aquellos tiempos se creía que había tantos animales y el mundo era tan grande, que simplemente el concepto de “extinción de una especie” no podía existir. Pensaban que si mataban muchos animales en algún lugar, se reduciría su población pero nunca pensaron que podrían acabar con ella. De este tipo de pensamientos surgió la idea del balance entre los animales que comen plantas y los depredadores, las bacterias, etc. La vida allá afuera no es precisamente el paraíso, muchos los animales realmente pasan un mal rato viviendo en su hábitat natural, teniendo que pasar hambres, enfermedades, cambios climáticos, etc. Es una lucha por la supervivencia y sólo los más aptos sobreviven, pero hablamos de luchas encarnizadas de especies que tienen que matar a otras para sobrevivir todos los días, pero más que una lucha, es la guerra más grande que se ha visto, una guerra que jamás se podrá ganar, si pudiéramos contar el número de animales que mueren todos los días en manos de otro, otros que se salvan pero pierden una extremidad o que simplemente mueren por heridas infectadas, enfermedades, carroñeros, relámpagos, tormentas, temblores y cuántas calamidades puedes pensar.
“La naturaleza” no es dadora de vida, es cruel, odia a todos los seres vivos y hace hasta lo imposible por acabar con la vida en la tierra. Al menos 5 extinciones masivas en la historia de la vida en la tierra son prueba de esto. Hace 65 millones de años, los dinosaurios eran la cúspide de la evolución, animales avanzados y especializados, maravillosas criaturas dignas de admiración y temor y un buen día, PUM. Un meteorito descomunal sale de la nada, se estrella contra la tierra, explota y vuela en pedazos a los dinosaurios gigantes de la faz de la tierra. ¿Disfrutas del clima ahora? Puedo jurar que es mera coincidencia que haya un huracán a unas horas de aproximarse a la costa, pero menos mal que no vivimos en las glaciaciones periódicas por las que pasa la tierra o aún menos mal que no vivimos al final de una glaciación, donde todas las especies que sobrevivieron adaptándose al frío mueren por el calor. Pie pequeño en busca del valle encantado es el más adorable ejemplo de cómo nos quiere la naturaleza.
Lo más interesante de todo es el culto hacia la naturaleza, manifestado principalmente por el amor a los árboles (de ahí el término “abraza árboles”) y los animales, como si el ser humano fuera divino, artificial o mítico. Hay manifestaciones de indignación ante la deforestación, la caza de animales y el uso de pieles en la cultura popular y extrañamente no nos cuestionamos mucho nuestro lugar y responsabilidad con respecto a los demás animales. No somos dioses míticos como en los cuentos épicos griegos o Conan o La Biblia, no venimos a salvar al mundo ni tampoco estamos lastimando la divina naturaleza. Los animales pelean entre sí para preservar su especie, como los leones: Cuando un macho toma el control de grupo de leonas, a sangre fría y sin pensarlo 2 veces mata a todas las crías, ya que no son sus hijos y no desea que sobreviva la descendencia de otros machos. También muchas especies de insectos y plantas arrasan con bosques enteros y pelean encarnizadas batallas por territorio, comida, hembras, estatus, poder y en ocasiones sin razón aparente. Gracias a la ciencia, la diplomacia y el comercio, nos hemos salvado de la extinción. Pero si a corto plazo no hayamos como detener un meteorito gigante, a mediano no encontramos como colonizar otros planetas y a más largo (unos 3 o 4 mil de millones de años) irnos a otro sistema solar, nuestra especie, homo sapiens sapiens, está destinada a la extinción y a diferencia de las graciosas focas blancas, green peace no podrá salvarnos.
Así como no se han podido salvar las miles de especies que se han extinguido por la mano del ser humano, cientos de pueblos antiguos han sido eliminados por la “madre naturaleza”. Y no hay que irnos de Pompeya hasta krakatoa, si dejamos la moral, los valores y los prejuicios, tomando en cuenta que estos son aprendidos por medio de la cultura, en la naturaleza sobrevive el más apto, si un pueblo no pudo sobrevivir al asedio de otro, el pueblo ganador obtiene todo, su descendencia continúa, sus hijos serán tan fuertes e inteligentes como ellos y así la humanidad avanza. En tiempos de las leyendas los que sobrevivían eran aquellos héroes que con sus espadas cortaban las cabezas de sus enemigos, ahora la ciencia y la tecnología, enfocados a la calidad de vida de las personas, definen el poderío de las naciones. Recordemos a los mayas, grandes admiradores de las estrellas y matemáticos, talaron millones de árboles para construir sus pirámides (leña para hacer material), luego tuvieron problemas climáticos y ahora están cerca de la extinción como cultura.
Vida y naturaleza, existe tanto amor entre estos dos actores como aquel de los bandos enemigos durante una guerra que durará por toda la eternidad y donde ya se sabe quién es el ganador: Aquel que tiene un poder del tamaño del mundo o algún poder extraterrestre como un meteorito, radiación, agujeros negros, choques galácticos, etc… Lo importante es que “la naturaleza” no sólo se limita a los bosques con animalitos sino también a los astros, las estrellas, todos con un toque de misticismo y belleza. GUERRA DE LAS GALAXIAS. Las estrellas nacen, crecen, mueren, envejecen, se mueven, no evolucionan ni tienen ADN (hasta donde se sabe), pero en sí son explosiones, los planetas son polvo y gases acumulados y el resto (la mayor parte) ni se sabe qué es, tal vez todos los cálculos estén errados, quizá he divagado demasiado o estoy muy viejo y cansado, pero la naturaleza dejó de ser nuestra amiga cuando intentó aniquilar a nuestra especie una y otra vez. Si tanto respeto se tiene por la naturaleza, pongamos a un grupo de hippies abraza-árboles a sobrevivir en un ambiente creado “naturalmente” (como un bosque o la selva) y luego a otro de ingenieros y doctores en un ambiente creado “artificialmente” (como un laboratorio en una ciudad). El que sobreviva más años gana, nadie se mata entre sí, la naturaleza decidirá quién saldrá victorioso.
Los paisajes son bonitos, algunos impresionantes, los animales simpáticos, las plantas interesantes, pero la naturaleza es un concepto seudo espiritual del new age que limita a la investigación, al desarrollo de la ciencia, la tecnología, la supremacía del ser humano y nuestra supervivencia como especie.
El balance que existe en la naturaleza es comparable con aquel que hay en las gotas de una cascada, una fuerza enorme mueve caóticamente un objeto que cambia de forma y se agrupa y se destruye entre sí hasta caer al piso. La idea de que existe un balance en los ecosistemas viene de las viejas creencias naturistas, incluso antes de charles Darwin. En aquellos tiempos se creía que había tantos animales y el mundo era tan grande, que simplemente el concepto de “extinción de una especie” no podía existir. Pensaban que si mataban muchos animales en algún lugar, se reduciría su población pero nunca pensaron que podrían acabar con ella. De este tipo de pensamientos surgió la idea del balance entre los animales que comen plantas y los depredadores, las bacterias, etc. La vida allá afuera no es precisamente el paraíso, muchos los animales realmente pasan un mal rato viviendo en su hábitat natural, teniendo que pasar hambres, enfermedades, cambios climáticos, etc. Es una lucha por la supervivencia y sólo los más aptos sobreviven, pero hablamos de luchas encarnizadas de especies que tienen que matar a otras para sobrevivir todos los días, pero más que una lucha, es la guerra más grande que se ha visto, una guerra que jamás se podrá ganar, si pudiéramos contar el número de animales que mueren todos los días en manos de otro, otros que se salvan pero pierden una extremidad o que simplemente mueren por heridas infectadas, enfermedades, carroñeros, relámpagos, tormentas, temblores y cuántas calamidades puedes pensar.
“La naturaleza” no es dadora de vida, es cruel, odia a todos los seres vivos y hace hasta lo imposible por acabar con la vida en la tierra. Al menos 5 extinciones masivas en la historia de la vida en la tierra son prueba de esto. Hace 65 millones de años, los dinosaurios eran la cúspide de la evolución, animales avanzados y especializados, maravillosas criaturas dignas de admiración y temor y un buen día, PUM. Un meteorito descomunal sale de la nada, se estrella contra la tierra, explota y vuela en pedazos a los dinosaurios gigantes de la faz de la tierra. ¿Disfrutas del clima ahora? Puedo jurar que es mera coincidencia que haya un huracán a unas horas de aproximarse a la costa, pero menos mal que no vivimos en las glaciaciones periódicas por las que pasa la tierra o aún menos mal que no vivimos al final de una glaciación, donde todas las especies que sobrevivieron adaptándose al frío mueren por el calor. Pie pequeño en busca del valle encantado es el más adorable ejemplo de cómo nos quiere la naturaleza.
Lo más interesante de todo es el culto hacia la naturaleza, manifestado principalmente por el amor a los árboles (de ahí el término “abraza árboles”) y los animales, como si el ser humano fuera divino, artificial o mítico. Hay manifestaciones de indignación ante la deforestación, la caza de animales y el uso de pieles en la cultura popular y extrañamente no nos cuestionamos mucho nuestro lugar y responsabilidad con respecto a los demás animales. No somos dioses míticos como en los cuentos épicos griegos o Conan o La Biblia, no venimos a salvar al mundo ni tampoco estamos lastimando la divina naturaleza. Los animales pelean entre sí para preservar su especie, como los leones: Cuando un macho toma el control de grupo de leonas, a sangre fría y sin pensarlo 2 veces mata a todas las crías, ya que no son sus hijos y no desea que sobreviva la descendencia de otros machos. También muchas especies de insectos y plantas arrasan con bosques enteros y pelean encarnizadas batallas por territorio, comida, hembras, estatus, poder y en ocasiones sin razón aparente. Gracias a la ciencia, la diplomacia y el comercio, nos hemos salvado de la extinción. Pero si a corto plazo no hayamos como detener un meteorito gigante, a mediano no encontramos como colonizar otros planetas y a más largo (unos 3 o 4 mil de millones de años) irnos a otro sistema solar, nuestra especie, homo sapiens sapiens, está destinada a la extinción y a diferencia de las graciosas focas blancas, green peace no podrá salvarnos.
Así como no se han podido salvar las miles de especies que se han extinguido por la mano del ser humano, cientos de pueblos antiguos han sido eliminados por la “madre naturaleza”. Y no hay que irnos de Pompeya hasta krakatoa, si dejamos la moral, los valores y los prejuicios, tomando en cuenta que estos son aprendidos por medio de la cultura, en la naturaleza sobrevive el más apto, si un pueblo no pudo sobrevivir al asedio de otro, el pueblo ganador obtiene todo, su descendencia continúa, sus hijos serán tan fuertes e inteligentes como ellos y así la humanidad avanza. En tiempos de las leyendas los que sobrevivían eran aquellos héroes que con sus espadas cortaban las cabezas de sus enemigos, ahora la ciencia y la tecnología, enfocados a la calidad de vida de las personas, definen el poderío de las naciones. Recordemos a los mayas, grandes admiradores de las estrellas y matemáticos, talaron millones de árboles para construir sus pirámides (leña para hacer material), luego tuvieron problemas climáticos y ahora están cerca de la extinción como cultura.
Vida y naturaleza, existe tanto amor entre estos dos actores como aquel de los bandos enemigos durante una guerra que durará por toda la eternidad y donde ya se sabe quién es el ganador: Aquel que tiene un poder del tamaño del mundo o algún poder extraterrestre como un meteorito, radiación, agujeros negros, choques galácticos, etc… Lo importante es que “la naturaleza” no sólo se limita a los bosques con animalitos sino también a los astros, las estrellas, todos con un toque de misticismo y belleza. GUERRA DE LAS GALAXIAS. Las estrellas nacen, crecen, mueren, envejecen, se mueven, no evolucionan ni tienen ADN (hasta donde se sabe), pero en sí son explosiones, los planetas son polvo y gases acumulados y el resto (la mayor parte) ni se sabe qué es, tal vez todos los cálculos estén errados, quizá he divagado demasiado o estoy muy viejo y cansado, pero la naturaleza dejó de ser nuestra amiga cuando intentó aniquilar a nuestra especie una y otra vez. Si tanto respeto se tiene por la naturaleza, pongamos a un grupo de hippies abraza-árboles a sobrevivir en un ambiente creado “naturalmente” (como un bosque o la selva) y luego a otro de ingenieros y doctores en un ambiente creado “artificialmente” (como un laboratorio en una ciudad). El que sobreviva más años gana, nadie se mata entre sí, la naturaleza decidirá quién saldrá victorioso.
Los paisajes son bonitos, algunos impresionantes, los animales simpáticos, las plantas interesantes, pero la naturaleza es un concepto seudo espiritual del new age que limita a la investigación, al desarrollo de la ciencia, la tecnología, la supremacía del ser humano y nuestra supervivencia como especie.
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