No importa si eres cristiano, católico, ateo o tus creencias religiosas se acercan más al de alguna tribu perdida en lo profundo del Amazonas, si eres un ser humano, significa que tienes un cerebro que funciona en base a la lógica. Aún en lo que hoy, año 2012, conocemos como trastornos mentales, existe un orden lógico en los pensamientos, exceptuando a aquellos trastornos de índole orgánico donde, precisamente, lo que se ve afectado es el funcionamiento normal (racional) del sistema nervioso central.
Si bien, cada ser humano es un mundo por sí mismo, hay algo en que coinciden todas las personas que habitamos el planeta, y eso es que nuestro cerebro trabaja en base al procesamiento constante de la información que recibe a través de los sentidos (vista, oído, equilibrio, sensaciones interoceptivas, etc.). De hecho, esto es muy similar en todos los mamíferos y otros animales que también tienen un cerebro. Sin embargo, la diferencia radica en que el cerebro de la especie humana es MUY grande (en relación al cuerpo, pues el de un cachalote es todavía más grande) y, así como un gran músculo puede levantar mucho peso, un gran cerebro puede procesar una mucha información. También se ha de agregar que el cerebro humano es todavía más complejo que el de otras especies.
Cada una de las decisiones que tomamos en nuestra vida y, en forma más simplificada, todas las conductas que realizamos, aún aquellas que parecieran tan simples que las hacemos “sin pensar”, en realidad, iniciaron como un estímulo sensitivo que el cerebro procesó y, después de este procesamiento, fue mandado al resto del cuerpo para realizarla. A continuación, un ejemplo:
Si tienes sed y tomas un líquido del vaso que se encuentre enfrente a ti; primero tuviste una sensación de sequedad en la boca o acaloramiento que tu cerebro interpretó como “tengo sed” o “el cuerpo necesita agua”; luego, tus ojos escudriñaron el paisaje hasta que viste el vaso que se encontraba enfrente a ti, al momento en que la luz que rebota del vaso llega a tus ojos, viaja por el nervio óptico hasta tu cerebro, el cual llega a la conclusión de que contiene un líquido que puedes tomar y, tomando en cuenta que “el cuerpo necesita agua” y “hay un vaso con líquido a tal distancia”, entonces, pareciera que “tomar el contenido del vaso saciaría la necesidad de agua del cuerpo”. Por lo tanto, “hay que tomar el líquido del vaso”. Ante esto, el cerebro, nuevamente, mandará la señal a los nervios ubicados en tu brazo para que tomen el vaso y lo lleven a la boca.
Esto último se puede aplicar a cualquier conducta hecha por un ser humano, exceptuando a aquellos actos reflejos de los bebés o en adultos (como cuando el doctor te da un golpecillo con un martillo y tu pierna brinca) o algunas reacciones del sistema nervioso autónomo. Pero en lo que se refiere a comportamientos complejos, como caminar, escribir, desempeñarse en un grupo, tomar decisiones corporativas, bélicas, religiosas y demás, todas y cada una de estas conductas se pueden entender desde un orden lógico, como producto de un procesamiento del cerebro, proceso que llamaremos “Razón”.
Cuando se intenta explicar las conductas supersticiosas, definiéndolas como un comportamiento basado en ideas mágicas que lleva a conductas ritualistas que ocupan una gran cantidad de esfuerzo, tiempo o recursos a la persona, hay que entender cuáles son las ideas y cuáles son las fuentes de información de esta persona. Por ejemplo, podría verse ilógico o poco racional que tu vecino cierre su puerta con muchos cerrojos y candados. Sin embargo, al entender que su casa fue saqueada en repetidas ocasionas, entonces se vuelve más racional esta conducta. De igual forma, puede verse ridículo que un creyente ande de rodillas hasta que estas sangren, pero, si entendemos que de esta forma va a limpiar pecados cometidos anteriormente y así podría ganarse su lugar en el cielo, pues entonces ya no parece tan irracional la conducta de lastimarse sus rodillas.
Al analizar las conductas religiosas, debe seguirse el mismo método, buscar entre las creencias supersticiosas de la persona hasta encontrarles un sentido lógico: En el ejemplo de las rodillas, no es que en realidad su “fe” o el mero acto de creer es lo que le lleva a realizar dicha conducta. De hecho, es un análisis económico de un contexto en base a sus fuentes de información. Si la vida dura poco y el cielo es una infinidad, entonces, el valor de la vida (la salud, los logros, el avance científico, la educación y cualquier otra cosa), se ve infinitamente reducido en comparación del valor de “el cielo”. Por lo tanto, vale la pena hacer todo lo posible por ganarse el cielo. A esta ecuación, hay que agregarle que “existe un infierno”. Entonces, no sólo el ir al cielo es suficiente motivación para realizar estos actos, sino que existe la pésima consecuencia de ir al infierno y sufrir una eternidad de tormentos al no realizarlos.
La lógica en los religiosos funciona exactamente igual que la lógica de cualquier otra persona, sin embargo, la diferencia son las fuentes de información, es decir, de dónde obtienen su conocimiento. Si desde la infancia o en cualquier momento de su vida, la persona aprendió que “El padrecito de la iglesia es bueno, representa a Dios en la tierra y todo lo que dice es para que nos ganemos nuestro lugar en el cielo” entonces “hay que hacer todo lo que dice el padrecito”. Así pues, si el padre, sacerdote, arzobispo o papa dice que “la evolución es una mentira” y que “sólo existió adán y eva” y “todo lo que dice la biblia es verdad”, entonces, estas ideas “deben ser verdad”. Así pues, cuando abrimos la mente de una persona creyente, vemos que el orden lógico de su pensamiento está basado únicamente en los discursos que oye cada domingo en su iglesia, en lo que le dicen otras personas religiosas y lo que lee o ve en los canales de su religión.
Algo particular sucede con algunos grupos religiosos actuales. El mero acto de “creer” en sus propias creencias (es decir, el confiar que su sistema de creencias religiosas es verdad) no es sólo un valor sino que lo contrario (cuestionar la veracidad de la información que viene de la biblia o de alguna autoridad religiosa) es castigada de la peor forma posible. El dudar, principal herramienta del filósofo, o hacerse preguntas de forma que den lugar a un conocimiento que no coincida con aquellas impuestas como verdad absoluta por las autoridades religiosas, suele estar sancionado con la exclusión del grupo y, por lo tanto, es un pase directo al infierno. De esta forma, lo lógico es tener fé (Aceptar toda la información proveniente del padrecito como una verdad irrefutable e incuestionable). Como dato curioso, esta forma de actuar es exactamente igual al de los sistemas políticos totalitarios, absolutistas y fascistas.
Cualquier pensamiento de orden lógico que requiere un procesamiento consume energía y esfuerzo. Sin embargo, la práctica constante de dicha idea lleva a que este procesamiento sea cada vez más rápido, requiera menos esfuerzo y energía y que, eventualmente, se vuelva “automático”. Es similar a un pianista que recibe una obra musical que nunca en su vida ha tocado, al principio, se detiene en cada momento para revisar bien las notas que va a tocar, hasta que se aprende la pieza de memoria y puede practicarla una y otra vez hasta que puede interpretarla a la perfección. Con el tiempo, de seguir practicando dicha obra, el músico podrá tocarla con la fluidez de quien lo hace, en apariencia, “sin pensar”. Sin embargo, su cerebro procesó de igual forma cada nota y mandó la señal a sus manos, brazos y dedos de la misma forma que al inicio, similar al ejemplo de vaso párrafos antes, pero con más eficiencia.
Esta habilidad del cerebro de volver ciertos procesos más eficientes con la práctica es lo que solemos llamar “Aprendizaje” y, el ser humano, posee una capacidad de aprender como nunca se ha visto en otra especie. Producto de la evolución, no hay duda que el aprendizaje es una de las destrezas más importantes que definen el Ser humano. Entonces la práctica de cualquier idea lleva a un aprendizaje cada vez mejor, por lo tanto, el practicar constantemente las ideas religiosas lleva a que su aprendizaje se afiance y termine siendo difícil de eliminar o contrariar. Un ejemplo que uso comúnmente en el consultorio, es respecto a la gravedad:
Todos los días de nuestra vida, a menos que seamos astronautas, estamos expuestos a la gravedad de la tierra. Por lo tanto, al hacer el cálculo de nuestros quehaceres diarios, siempre tomamos en cuenta la influencia de la gravedad en los objetos. Tan simple como que para levantar un libro, bajar un escalón, estar sentado, parado, caminando, etc. nuestro cerebro procesa la información necesaria para realizar estas conductas con la gravedad como una variable constante. Otras variables serían nuestra fuerza corporal personal, las distancias, peso, etc. Siguiendo esta lógica, si nos pusieran un objeto frente a nosotros (como una piedra) y este objeto estuviera flotando como si no fuera afectado por la fuerza de la gravedad, no tendría sentido, pues “la gravedad siempre está aplicando su fuerza con todo lo que está a nuestro alrededor”, y, por lo tanto, creeríamos que se trata de un truco, que la piedra está vacía y rellena de helio o algo similar que explique el fenómeno con la gravedad como variable.
Este último ejemplo también aplica a las creencias religiosas. Si a cada acción, conducta de una persona, fenómeno natural, etc. Le agregamos la variable de que una deidad lo hizo con su propia voluntad, con el tiempo, esta idea se vuelve automática y cualquier información que la contradiga carecería de sentido lógico.
En resumen, la creencia de fé ciega, no es tan ciega como parece, en realidad es producto de un razonamiento lógico cuyas únicas fuentes de información están limitadas a aquellas que las autoridades religiosas que promueven dicho sistema ideológico, autoridades que también hacen un cálculo económico de la situación basándose en la información que ellos poseen.