Hoy en día, existen literalmente millones de dioses en las creencias populares de las personas. Dentro de su contexto, las creencias en dioses son completamente lógicas y tienen sentido desde una visión del mundo reducida a dicho contexto cultural y social. Sin embargo, el creer que existen dioses y otros seres sobrenaturales de leyendas ancestrales no hace necesariamente que estos existan. Estas creencias son rezagos de conocimientos antiguos, transmitidos por diferentes medios, de tiempos donde la gente era más ignorante que hoy en día, debido a que sus instrumentos no les permitía responder preguntas básicas sobre los fenómenos naturales que tienen lugar todo el tiempo a nuestro alrededor.
Cuando los primeros humanos primitivos ya tenían un lenguaje suficientemente avanzado como para filosofar o hacerse preguntas abstractas y subjetivas, sobre ciertos fenómenos (entiéndase: El clima, los temblores, los accidentes geográficos, la flora y fauna, eventos astronómicos, etc.), su conocimiento limitado les impedía llegar a conclusiones empíricas, pues no disponían de instrumentos sofisticados como los satélites, telescopios, computadoras y otras herramientas que permitiesen ampliar el espectro de sentidos de los que disponían sus cuerpos.
Estos primeros humanos empezaron a sacar deducciones lógicas basándose en su experiencia individual y grupal, tal como se hace hoy en día pero sin utilizar herramientas avanzadas. Por ejemplo: “Una roca (objeto) se quedará donde está hasta que alguien o algo la mueva, como una persona o un animal”, luego, “sólo los hombres más fuertes del grupo pueden mover las rocas más grandes”, por lo tanto, “si la montaña entera se movió, un hombre o animal debió de haberlo hecho, pero debió ser uno gigante, pues la montaña es enorme” y “como lo movió sin que pudieran verlo, entonces lo lógico es que este ser sea invisible”. Y así es como se crean los dioses.
Este uso del sentido común, la lógica y el razonamiento es propio de los animales con cerebro, sin embargo, la profundidad y la cantidad de elementos asociados en el procesamiento de esta información dependerá directamente de la capacidad intelectual de quien lo haga. De esta forma, el ser humano es el único animal conocido que puede realizar complejas asociaciones abstractas mediante su experiencia diaria. Por ejemplo, más allá del gigante invisible de la montaña, se pueden sacar más deducciones: “Muchos salieron lastimados cuando el gigante movió la montaña”, “cuando alguien hace algo contra una persona y sale lastimada es porque estaba enojada contra ellos”, por lo tanto, “el gigante estaba enojado con nosotros”. Y si, cuando alguien está enojado y se le da un regalo, se le rinde tributo o algo similar (como organizar un baile, sacrificios, etc.), esta persona se calma, lo lógico sería rendirle tributo a este gigante invisible de la montaña.
Casualmente, al rendirle tributo u organizar un baile o hacer cualquier otra cosa considerada como un regalo por ese grupo, individuo o cultura, a este gigante invisible de la montaña, los temblores se detienen. Pero la semana siguiente, vuelve a haber un temblor y caen rocas de la montaña hiriendo y lastimando a la gente de la tribu o grupo. Esto podría hacer pensar a las personas que necesitan rendirle más tributo o que deben hacerlo cada semana para apaciguar la ira del gigante. Efectivamente, cada semana que rinden tributo y no hay temblores, se reafirma su creencia sobre el gigante invisible. Y así, los que vivieron esta experiencia pasarán el conocimiento a sus hijos y a los hijos de sus hijos hasta que alguien dude de esta creencia, la ponga a prueba mediante un experimento y compruebe su falsedad. Tal es el origen de la superstición.
Un experimento conocido en el mundo de la psicología se hizo con chimpancés: A un grupo de estos animales se les metió en una habitación donde había una escalera que llevaba a un racimo de tentadores plátanos. No pasó mucho tiempo hasta que uno de los changos se le ocurrió que sería buena idea subir la escalera, tomar un plátano y comerlo. Sin embargo, al momento en que puso una pata sobre la escalera, chorros de agua helada salían por todas partes de la habitación, esto era activado por los investigadores al momento en que uno de los monos pisaba la escalera, haciendo pasar a todos un mal rato. Después de esta experiencia desalentadora, a otro mono más terco se le ocurrió subir por un plátano, con el mismo resultado de antes. Los inteligentes chimpancés, aprendieron rápidamente que al intentar subir por la escalera un desagradable chorro de agua fría los bañaría a todos y, por lo tanto, cuando otro de los monos menos inteligentes quería subir la escalera, todo el grupo corría a agarrarlo, golpearlo y alejarlo para que no los bañaran con el agua helada.
Una vez que los monos aprendieron a no ir por los plátanos, se sacó a uno de ellos y se introdujo en la habitación a un chimpancé nuevo que no tenía conocimiento de la escalera y que, al ver los plátanos, inmediatamente decidió subir por uno de ellos. Los demás monos, con el afán de no ser mojados por agua helada, lo jalaban antes de que pudiera subir la escalera, aun cuando el mono no tenía idea por qué lo hacían, pues nunca alcanzó a experimentar el baño de agua helada. Una vez que el mono nuevo desistió de sus intentos de ir por los plátanos, se sacó a otro de los monos originales y se reemplazó por uno nuevo, con los mismos resultados. Y así, cada que un mono nuevo entraba y quería ir por los plátanos, todos los arrastraban y golpeaban para que no lo hiciera. Con el tiempo, todos los monos originales fueron reemplazados y sólo quedaban monos nuevos, pero ninguno de ellos quería subir la escalera para comer los plátanos, pues sabían que sus compañeros monos lo golpearían y arrastrarían si lo hacían, aun cuando no sabían las consecuencias de intentarlo.
Muchas reflexiones se pueden hacer de este experimento, sin embargo, lo que concierne a este texto es lo referente a las creencias supersticiosas. Los monos nuevos no sabían nada del agua, sin embargo, por dogma o por creencia de fe, desarrollaron la creencia de que “algo malo va a pasar si alguien trata de subir la escalera y hay que hacer todo lo posible para que nadie lo haga”. Esta idea podría pasarse de generación en generación hasta que un mono rebelde se atreva a comprobar si realmente algo malo pasaba cuando trataban de tomar los plátanos. Desde luego que en este caso la creencia estaba bien fundamentada, muy diferente al ejemplo del gigante invisible de la montaña, donde los temblores eran ocasionados no por un gigante, sino por fenómenos más terrenales (literalmente hablando).
Dada nuestra capacidad de asociar ideas abstractas y subjetivas, tendemos a vincular ideas que podrían resultar absurdas para otros, pero por el mismo proceso de aprendizaje basado en la lógica, generan tendencias en nuestra conducta. Esto aplica a TODAS las supersticiones. Por ejemplo, un bateador podría pensar que si se pone la ropa interior al revés tendrá mejor suerte. Esta idea la concluyó cuando, después de perder muchos partidos, un día, por error o por cualquier otra razón, se puso la ropa interior al revés y ganó. El próximo partido, haría esto sin dudarlo mucho y si llegase a ganar (quizá porque estaba más motivado o se sentía más seguro o aunque su desempeño haya sido menor pero el de su equipo mayor), se reforzaría su creencia de que la ropa interior al revés le da buena suerte. Y así, un día que intente poner a prueba lo contrario (poniéndose la ropa interior adecuadamente), se sentirá inseguro o creerá que tendrá mala suerte y esto influirá en su desempeño, ocasionando eventualmente a que pierda, nuevamente reforzando su creencia. Difícilmente la posición de su ropa interior influye completamente en el resultado final de cada partido, pero por pura probabilidad, un grupo de jugadores de beisbol que intentaran esta técnica, algunos ganarían partidos y otros no y los que sí ganaron podrían pensar que es debido a la ropa interior.
Estos son algunos ejemplos de cómo es que las creencias mágicas o sobrenaturales son creadas por los seres humanos. Ahora, si entendemos que en el mundo antiguo no contaban con el conocimiento científico, además que casi cada fenómeno natural era completamente inexplicable debido a la falta de instrumentos que mejoren la capacidad de sus sentidos (telescopios, microscopios, cámaras, etc.), entonces era natural que las personas desarrollaran todo tipo de creencias supersticiosas y que, al no existir la experimentación metódica y sistemática, estas creencias se tomaran por hechos 100% reales y que este conocimiento se transmitiera de generación en generación, sobre todo para cosas importantes como la vida y la muerte, la condenación del alma o la suerte.
Ahora, la forma en la que los humanos desarrollan las creencias se puede transpolar también fenómenos más subjetivos y abstractos, como la vida, la belleza, el infinito, la justicia, el bien y mal, etc. Uno puede creer cualquier cosa completamente alocada para otros, pero que tendría sentido sólo para esa persona (o grupo). Algunas de estas creencias también aplican al conocimiento y a las creencias mismas. Es muy frecuente oír a personas que dicen “es necesario creer en algo superior” o “creer es poder” o “si crees con todas tus fuerzas, se va a hacer realidad”. En la práctica clínica estas ideas se conocen como “pensamientos distorsionados”.
Se invita a quien lea este artículo a poner a prueba estas ideas, intenten creer con todas sus fuerzas que pueden atravesar una pared o que se van a ganar la lotería. Sin importar cuánto crean en dichas cosas, no van a suceder pues las creencias tienen lugar dentro de nuestro cerebro y no modifican el mundo alrededor más allá de lo que nuestro cuerpo pueda hacer basándose en esas creencias. Esto se ejemplifica en las guerras religiosas. Cuando dos ejércitos se enfrentan por razones religiosas, ambos bandos van a pensar o creer que luchan por su dios único y verdadero (digamos que unos luchan por el dios blanco y los otros por el dios azul), cuando la batalla termine y uno de los bandos gane, van a pensar que su Dios los protegió y por esto fue que ganaron, porque su creencia es tan grande que ni el ejército más grande del mundo podía haberlos derrotado y demás. Sin embargo, esta creencia igual la tenía el otro grupo. Es decir, los dos creían exactamente lo mismo, pero sólo uno de ellos ganó y el que ganaran se puede explicar más fácilmente por razones estratégicas y técnicas, como pudo ser un mejor entrenamiento, mayor número, mejores tácticas, armas con tecnología más avanzada, un clima favorecedor, etc.
Cuando se carece de conocimiento técnico y empírico, es fácil que la persona llegue a deducciones mágicas al intentar explicar los fenómenos alrededor de él. Y que, una vez que estas deducciones estén bien afianzadas, la persona, eventualmente, llegue a tener sesgos en la forma en que su cerebro procesa la información, debido a la propiedad que tiene el cerebro de realizar procesos con mayor eficiencia conforme su entrenamiento. Esto he de explicarse de la siguiente forma: Imaginemos a un investigador de ovnis* y al director de una revista de escépticos, juntos en una colina de noche. Ambos ven un objeto volador no identificado brillante que cruza el cielo a una velocidad descomunal y que se frena al instante para luego dar vueltas en círculos hasta desaparecer con una gran ráfaga de luz justo frente a sus ojos. Al instante, el investigador de ovnis creyente de los extraterrestres pensará que se trata de una nave o un artefacto construido por una civilización de otro lugar del espacio que no es la tierra. A su vez, el director de la revista de escépticos dudará completamente de esta teoría y dirá que seguro se trata de un meteorito, un cohete de un niño, fuegos artificiales o cualquier otro fenómeno que no haya sido creado por una sociedad inteligente de seres extraterrestres.
A pesar de que ambos experimentaron el mismo estímulo, al mismo tiempo y en el mismo lugar, la deducción a la que llegó su cerebro en ese momento fue totalmente opuesta. Esta discordancia se explica por la información limitada a la que han tenido acceso ambas personas. En el caso del investigador creyente de los extraterrestres, ha tenido la oportunidad de escuchar relatos de testigos, sin fines de lucro o fama y bien acreditados incluso por pruebas periciales de avanzada, que afirman haber visto naves espaciales y alienígenas, además de contar con fotografías, análisis forenses, videos y evidencia que no pudo explicar de otra forma (según sus métodos). Por otra parte, el director de la revista para escépticos, ha podido desenmascaran a gran cantidad de charlatanes que abusan de las creencias de otras personas para ganar dinero a costa de evidencia falsificada, alterada o con mentiras, además de que casi todos los casos que ha podido analizar sobre fenómenos de seres extraterrestres los ha podido explicar científicamente de alguna forma (cometas, aviones, estrellas fugases, etc.). La historia de aprendizaje individual es la que marca la pauta para estos sesgos en la forma en que el cerebro procesa la información.
Para el cerebro humano, y, por lo tanto, en la experiencia humana, es exactamente lo mismo recordar, imaginar, pensar y soñar que sentir. Por esto es muy frecuente que las personas crean que porque sienten “algo” esto va a empezar a existir en el universo donde habitamos todos debido a su puro sentir. Sin embargo, y como ejemplo, si imaginamos un limón verde, grande, de esos modificados genéticamente para ser casi del tamaño de una naranja y sin semillas, bien jugosos y ácidos y que este limón, lo tenemos justo enfrente de nosotros y hay gotas de agua que escurren sobre su verde y porosa cáscara. Entonces alguien toma un cuchillo y empieza a cortar el limón justo enfrente y conforme lo va cortando el jugo ácido del limón empieza a escurrir y luego ese limón es exprimido y al hacerlo las gotas salpican por todas partes y parte de esas gotas ácidas caen en nuestra lengua y… Esto debe ser suficiente para hacer salivar a cualquiera, sin embargo, nunca hubo limón alguno, fue simplemente la experiencia creada por el cerebro
La mayoría de las veces que uno experimenta algo, por ejemplo, el olor de cierta comida o el color de una flor, es porque el estímulo real está presente (sentimos el olor de carne asándose, porque hay carne asándose cerca o vemos una rosa porque tenemos dicha flor frente a nosotros), pero cuando uno está dormido y soñando, imaginando, recordando y pensando uno experimenta estos estímulos sin que realmente los tenga uno presente, esto se debe a que el “soñar, imaginar, pensar, recordar, rememorar y el poner atención” son diferentes nombres para el mismo proceso del cerebro que es el de analizar la información que viene de nuestros sentidos o de nuestra memoria. La consciencia y la existencia como tales, son el mismo proceso que lleva a cabo nuestro cerebro al analizar la experiencia de los sentidos guardada en nuestra memoria. Esto puede llegar a hacer creer a muchas personas que dios realmente existe porque lo pueden sentir, pero, tal y como se ha demostrado, no porque uno lo sienta significa que sea real, más allá de la propia mente. Porque el cerebro no es una máquina que crea realidades, sino es un procesador que interpreta, no construye el universo alrededor, sino que analiza la información a través de los sentidos. Y es en base a este análisis que hace el cerebro, cada segundo de nuestras vidas, como es que se va reestructurando sobre sí mismo, como información adicional, esta flexibilidad del cerebro es la propiedad que permite llevar a cabo cambios radicales en el consultorio.
Conforme la ciencia va avanzando y acumulando más conocimiento empírico, todos los mitos y leyendas se van refutando y son reemplazados por un sistema de creencias organizado y coherente basado en evidencia empírica sobre el universo que nos rodea. Cualquier interpretación metafísica de estos hechos cabe en el terreno de la especulación y responden a tendencias lógicas creadas por nuestra propia subjetividad, a nuestra propia perspectiva individual y sesgada de la vida.
*Por definición estricta un OVNI se trata de todo tipo de objeto o energía en el cielo que el observador no sepa qué sea o su procedencia, tal como dicen sus siglas (Objeto Volador No Identificado) y nada más. El debate de conspiraciones internacionales relacionadas a la tecnología extraterrestre no tiene espacio en este blog.