sábado, 10 de julio de 2010

El efecto Nostradamus, pulpo Paul.

No siendo un matemático, tomo el riesgo de intentar explicar mediante hipótesis cómo es que las predicciones se hacen realidad.
En México, los medios de comunicación masivos difunden la información profética de los mayas, relacionándola con nostradamus y otras adivinaciones famosas, con relación al fin del mundo en el 2012. Diferentes interpretaciones se han hecho a esta predicción, pero en general se entiende que el movimiento de las estrellas y su posición en el cielo señalarán un acontecimiento que cambiará radicalmente la vida del ser humano en la tierra, ya sea porque se extingue, se destruye, se revela un mesías y se lleva a cabo una batalla bíblica por las almas de los cristianos o simplemente un fenómeno que cambiará radicalmente la forma de pensar de las personas.
Este blog rechaza completamente el hecho de que los números tengan efecto en la realidad en que se vive, porque los números son construcciones simbólicas creadas por el ser humano, pertenecen al campo de lo abstracto y sólo afectan al mundo en relación a cómo las personas los interpreten. Es decir, no es que el número “13” provoque mala suerte, sino que el pensar que el “13” tiene algo malvado y al asociarlo con ideas catastróficas, pueden provocar nerviosismo, un rendimiento inferior y causar problemas, como consecuencia. La concepción del tiempo y su relación a fenómenos terrenales es igual: El calendario actual fue creado por los seres humanos basándose en su percepción de la rotación y traslación de la tierra y es variable e imprecisa. Suponer que los números o las fechas tienen efecto en la vida real, sería similar a imaginar que un cuento de ficción puede afectar a la realidad de la misma forma. Pero a pesar de las probabilidades, algunos de estos profetas han acertado en sus pronósticos. Lo cual hace pensar a los creyentes que tal vez posean un conocimiento desconocido o superior con respecto a los números, una capacidad de ver al futuro o una sensibilidad que la ciencia moderna no ha podido explicar. Pero todas estas creencias absurdas se derrumban cuando se contextualiza y esto no sólo aplica a las profecías, sino cualquier tipo de conducta, comportamiento, pensamiento, idea y, por ende, personalidades, sucesos y actos que nos parezcan increíbles. Es sencillo conectar dos sucesos por similitudes. Por ejemplo, yo podría pensar que alguien va a morir en este mismo instante y es posible que sea verdad. Aquí se crea una conexión lógica que justifica una asociación inmediata de la idea y el fenómeno (dije que alguien iba a morir y alguien murió). Como hechos aislados se conectan totalmente, pero si lo ampliamos al tamaño del mundo, la cantidad de personas que mueren al día, en comparación con las veces que alguien ha dicho “creo que alguien va a morir”, daría como resultado cifras aleatorias.
Esto aplica al pulpo Paul, Nostradamus, la Biblia y los mayas. ¿Cómo es que en 4 lugares diferentes, un pulpo, un humano, un libro y una cultura de astrólogos tuvieron éxito al predecir ciertos fenómenos? La estadística lo explica todo y el pulpo Paul es la evidencia más clara. Si tomamos como hecho que no es posible (al menos con la ciencia actual) poder predecir sucesos específicos o importantes sobre el futuro donde las variables sean demasiadas para poder analizarlas con las computadoras actuales, como el fin del mundo o el resultado de un partido de futbol entre equipos de niveles similares, y contextualizamos, todos los resultados atinados tienen sentido. Si tomamos al pulpo Paul, hasta ahora ha tenido un 100% de aciertos; Sin embargo, en otra pecera, seguramente hay otro pulpo que ha tenido el 0% de aciertos; En otra pecera tienen un pescado que logró el 20% de aciertos y en una jaula un loro con un 80% y si siguen agregando animales, sin capacidad de predecir sucesos futuros y que toman una decisión basándose en criterios animales (el color de una bandera, el calor que había en un lado o alguna conducta aprendida o innata), los resultados serían aleatorios en 100% de las veces. Tomando aleatorio o caótico como todo fenómeno cuya cantidad de variables sobrepasa la capacidad intelectual humana de analizarlos en un orden lógico.
En pocas palabras, estos animales eligen al azar y pues, si al azar tomas a un animal su probabilidad de éxito será igual de azarosa. De igual forma, esto aplica a fenómenos más complejos y extraordinarios. Uno de los mejores ejemplos es cualquier conquistador, como Hittler, Napoleón o Alejandro Magno. Todos se salen de la media, si se descontextualiza. Es decir, Napoleón o Hittler, comparados con una persona promedio, iniciaron campañas para la conquista del mundo que los llevó a movilizar miles de personas en guerras sanguinarias. Pero al contextualizar, todo tiene sentido. No se trata de comparar un fenómeno aislado con otro (Napoleón con un granjero común), sino tomar en cuenta el tamaño y la antigüedad de la tierra. Simplemente de los miles de millones de personas que han existido que no iniciaron una campaña por la conquista del mundo, sólo hubo un Hittler, sólo hubo un Alejandro Magno de macedonia. Sus existencias son extraordinarias, pues la cantidad de variables que pueden llevar a que una persona sea un campesino, un rey y un supervillano de la historia son las mismas para cada persona. Existe la posibilidad de que el próximo niño que nazca sea el anticristo, un nuevo hittler o el próximo papa, pero de que vayan a serlo a que se cumpla este pronóstico es cuestión de probabilidades.
Usando este mismo argumento, la biblia y otros libros proféticos carecen de validez pues, al contextualizarlos con la cantidad de libros que han fallado en su predicción, tiene sentido que uno o dos tengan un 100% de éxito en sus pronósticos. Si uno se pusiera a escribir libros proféticos, uno tras otro, basándose en fenómenos irreverentes, probablemente todos se equivoquen pero igual existe la posibilidad de que algunos de ellos acierten en un 100% de los casos, pues no es que dicha adivinación esté basada en visiones del futuro, sino más bien en la imaginación de quién la profirió que depende de su situación geográfica, histórica, social y cultural.