Los astrobiólogos están buscando planetas donde pueda haber vida, incluso en algunas lunas de los planetas del sistema solar. Sin duda, el encontrar cualquier evidencia de vida fuera de la tierra (que no sea la de los astronautas en la estación espacial internacional) sería un descubrimiento que cambiaría la concepción del ser humano y su lugar en el universo, pero lo que realmente sería el descubrimiento más grande de la historia sería que en uno de los planetas exosolares, donde haya atmósfera, agua, tierra, bosques, desiertos y pequeños puntos de luz aglutinados alrededor de los ríos y los mares, se recibieran señales de radio, además de sonidos y, por supuesto, evidencia de una raza inteligente viviendo en otro planeta, con su propia tecnología, que podría ser desde barcos, carretas y lanzas hasta naves espaciales y armas de antimateria.
Los procesos que dieron lugar a la vida en el Planeta Tierra, comparado con la cantidad tan vasta de estrellas y galaxias, hacen pensar que podrían replicarse en algún otro punto del universo. Cuando los biólogos dicen “Nada podría sobrevivir a eso”, se sorprenden con hallazgos de supervivientes en condiciones extremas y se aumentan los márgenes que permiten el desarrollo de la vida y, si en un planeta orbitando una estrella en un espacio oscuro de la galaxia pudo dar lugar a la evolución de seres con la inteligencia suficiente para inventar ciencia y tecnología espacial, seguramente este proceso se repetiría una y otra vez, miles o millones de veces en el universo.
Aunque, de las millones de especies diferentes que habitan nuestro planeta y de las cantidades inimaginables de seres que han existido, sólo una especie ha podido desarrollar satélites y telecomunicaciones digitalizadas, pero le tomó unos 5 mil años de pasar de carretas a caballo a automóviles y sobre la supervivencia de esta sociedad tecnológica no se tiene certeza más que un día llegará a su fin. De todas las increíbles habilidades que posee la biodiversidad, volar, excavar, saltar, ver la luz infrarroja, arrojar veneno, etc. No todas las especies han seguido el mismo camino a través de la selección natural y, en la evolución, pareciera que la inteligencia del ser humano es una habilidad rara como sería la ecolocación de los murciélagos o la visión nocturna de los gatos. Las variedades sobrepasan la imaginación que nuestro cerebro puede crear y, de todas esas variaciones, uno es la inteligencia.
Esta extraña variación en la evolución es necesaria para el desarrollo de la tecnología, pero algo más importante aún sería: El que dicha especie que desarrolle la inteligencia pueda sobrevivir suficiente tiempo como para acumular el conocimiento e inventar la ciencia. De esto, podríamos suponer que pequeños osos podrían estar creciendo en selvas de un planeta en una galaxia lejana y que uno de ellos agarre una roca para golpear una nuez, aprendiendo a controlar una ley básica de la física newtoniana. Pero dicha especie sufre de un fenómeno climático repentino, seguido por un virus que infecta a toda la población y en un tiempo se extingue y jamás llega a inventar, si quiera, el fuego. Tomando en cuenta que es más fácil que una especie se extinga a que descubra los átomos.
Si es así, las probabilidades disminuyen a niveles desalentadores. Sin embargo, nuestro conocimiento nos permite llegar a ciertas conclusiones básicas respecto a nuestro planeta, a nosotros y al universo. Para empezar, los físicos afirman que las leyes de la física nunca cambian y son iguales en marte, en la tierra o en el planeta Gliese 436 b. Además, la inteligencia superdotada de los humanos, como una habilidad, ha garantizado su supervivencia ante el asedio constante de la naturaleza, al grado que si un asteroide o un cometa fuera a estrellarse contra la tierra iniciando una extinción masiva, similar a la que mató a los dinosaurios hace 65 millones de años, el ser humano podría sobrevivir a este desastre (dependiendo del grado…) o anticiparlo para tomar medidas necesarias. Hoy se sabe que la especie que no pueda abandonar el planeta tierra antes de unos cuatro o cinco mil de millones de años está destinada a la extinción, puesto que el sol moribundo rostizará la tierra y arrasará con su atmósfera y todo ser viviente en el planeta. Si nada detiene la tecnología, sólo unos cien años más bastarán para poder colonizar otros planetas y garantizar la supervivencia de la especie más apta antes de que ese fenómeno suceda. En la guerra contra la muerte de las especies, la inteligencia, más que la fuerza, es el factor determinante entre que una especie salte a través de un aro de fuego y otra lo obligue con un látigo a saltar.
A esto, la inteligencia es una habilidad que tienen en cierto grado diferentes especies en todo el mundo y posiblemente en otros planetas. Sólo que antes de que empiecen a disparar transbordadores espaciales todos tienen que empezar sujetando un objeto y golpeándolo contra otro, crear una asociación y aprender de esto. Luego deberán transmitir ese conocimiento de generación en generación, para que pueda acumularse y a aumentar en complejidad, sin que nada detenga ese proceso. Pero de alguna forma ya todos dieron uno de los pasos, muchos animales conocidos aprenden y son inteligentes, pueden recordar y crear asociaciones de ideas, resolver problemas, entre otras habilidades propias del intelecto. Pero aquello que estimuló la aparición de la lógica, el razonamiento abstracto y la curiosidad, es un misterio.
Los procesos que dieron lugar a la vida en el Planeta Tierra, comparado con la cantidad tan vasta de estrellas y galaxias, hacen pensar que podrían replicarse en algún otro punto del universo. Cuando los biólogos dicen “Nada podría sobrevivir a eso”, se sorprenden con hallazgos de supervivientes en condiciones extremas y se aumentan los márgenes que permiten el desarrollo de la vida y, si en un planeta orbitando una estrella en un espacio oscuro de la galaxia pudo dar lugar a la evolución de seres con la inteligencia suficiente para inventar ciencia y tecnología espacial, seguramente este proceso se repetiría una y otra vez, miles o millones de veces en el universo.
Aunque, de las millones de especies diferentes que habitan nuestro planeta y de las cantidades inimaginables de seres que han existido, sólo una especie ha podido desarrollar satélites y telecomunicaciones digitalizadas, pero le tomó unos 5 mil años de pasar de carretas a caballo a automóviles y sobre la supervivencia de esta sociedad tecnológica no se tiene certeza más que un día llegará a su fin. De todas las increíbles habilidades que posee la biodiversidad, volar, excavar, saltar, ver la luz infrarroja, arrojar veneno, etc. No todas las especies han seguido el mismo camino a través de la selección natural y, en la evolución, pareciera que la inteligencia del ser humano es una habilidad rara como sería la ecolocación de los murciélagos o la visión nocturna de los gatos. Las variedades sobrepasan la imaginación que nuestro cerebro puede crear y, de todas esas variaciones, uno es la inteligencia.
Esta extraña variación en la evolución es necesaria para el desarrollo de la tecnología, pero algo más importante aún sería: El que dicha especie que desarrolle la inteligencia pueda sobrevivir suficiente tiempo como para acumular el conocimiento e inventar la ciencia. De esto, podríamos suponer que pequeños osos podrían estar creciendo en selvas de un planeta en una galaxia lejana y que uno de ellos agarre una roca para golpear una nuez, aprendiendo a controlar una ley básica de la física newtoniana. Pero dicha especie sufre de un fenómeno climático repentino, seguido por un virus que infecta a toda la población y en un tiempo se extingue y jamás llega a inventar, si quiera, el fuego. Tomando en cuenta que es más fácil que una especie se extinga a que descubra los átomos.
Si es así, las probabilidades disminuyen a niveles desalentadores. Sin embargo, nuestro conocimiento nos permite llegar a ciertas conclusiones básicas respecto a nuestro planeta, a nosotros y al universo. Para empezar, los físicos afirman que las leyes de la física nunca cambian y son iguales en marte, en la tierra o en el planeta Gliese 436 b. Además, la inteligencia superdotada de los humanos, como una habilidad, ha garantizado su supervivencia ante el asedio constante de la naturaleza, al grado que si un asteroide o un cometa fuera a estrellarse contra la tierra iniciando una extinción masiva, similar a la que mató a los dinosaurios hace 65 millones de años, el ser humano podría sobrevivir a este desastre (dependiendo del grado…) o anticiparlo para tomar medidas necesarias. Hoy se sabe que la especie que no pueda abandonar el planeta tierra antes de unos cuatro o cinco mil de millones de años está destinada a la extinción, puesto que el sol moribundo rostizará la tierra y arrasará con su atmósfera y todo ser viviente en el planeta. Si nada detiene la tecnología, sólo unos cien años más bastarán para poder colonizar otros planetas y garantizar la supervivencia de la especie más apta antes de que ese fenómeno suceda. En la guerra contra la muerte de las especies, la inteligencia, más que la fuerza, es el factor determinante entre que una especie salte a través de un aro de fuego y otra lo obligue con un látigo a saltar.
A esto, la inteligencia es una habilidad que tienen en cierto grado diferentes especies en todo el mundo y posiblemente en otros planetas. Sólo que antes de que empiecen a disparar transbordadores espaciales todos tienen que empezar sujetando un objeto y golpeándolo contra otro, crear una asociación y aprender de esto. Luego deberán transmitir ese conocimiento de generación en generación, para que pueda acumularse y a aumentar en complejidad, sin que nada detenga ese proceso. Pero de alguna forma ya todos dieron uno de los pasos, muchos animales conocidos aprenden y son inteligentes, pueden recordar y crear asociaciones de ideas, resolver problemas, entre otras habilidades propias del intelecto. Pero aquello que estimuló la aparición de la lógica, el razonamiento abstracto y la curiosidad, es un misterio.